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Una nueva temporada de motociclismo ha finalizado. Marc Márquez, una vez más, se corona y así llega al “nivel 7” en títulos, cinco de ellos en la categoría reina. Ratifica carrera a carrera su fortaleza mental y física, nadie quiere tenerlo detrás. Este año fue campeón en 9 veces de las 17 carreras disputadas. Recordemos que este año, Silverstone fue suspendida por condiciones climáticas.

Pero, más allá del dominio casi avasallante e indiscutible de Marc, ¿Por qué este año MotoGP ha sido tan apasionante? ¿Por qué en cada circuito que el motociclismo se presenta hay cada vez más fanáticos?

Esto es, sin dudas, por la calidad y cantidad de pilotos que se encuentran girando.

Hemos visto todo tipo de carreras, sobre distintos tipos de pista e incluso climas. Hemos visto que Andrea Dovizioso con la Ducati sigue muy regular y sumó un nuevo sub-campeonato. Es, hoy en día, el estandarte de la escudería italiana.

Por otra parte, Jorge Lorenzo apareció en el momento en que todos lo quitaban de la discusión. Literal. Ganó dos GP consecutivos. Su traspaso a Honda el próximo año está cargadísimo de expectativas. Cuando lograba asentarse en la Ducati, sufrió lesiones que le impidieron continuar su racha positiva. Teóricamente, su estilo de pilotaje y las características de la nueva moto, le darían un nuevo impulso.

Maverick Viñales tuvo un año complicado. Tanto fue así que la primera decisión que tomó post-temporada fue cambiar su número. Dejó de ser el 25, y ahora su Yamaha llevará el 12. Acción del destino, o no, dominó las pruebas de esta semana en Valencia.

Hemos visto también carreras apasionantes en Moto2 y en Moto3, con los jóvenes campeones Francesco Bagnaia (de la academia de Valentino Rossi) y Jorge Martin. También, se ha retirado Dani Pedrosa, un piloto tan querido en el circuito como talentoso.

Y, por último, Valentino Rossi sigue. A sus 39 años, sigue vigente. Su rendimiento fue equilibrado durante todo el año, más allá de sus entredichos con los directivos de Yamaha, pero la victoria nunca le llegó. Mientras siga compitiendo, el humo y las camisetas amarillas seguirán cubriendo cada pista alrededor del mundo. Y cuando deje de hacerlo, su legado está tan bien distribuido que la competencia seguirá siendo apasionante.

 

Por: Maximiliano Cascasi 

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