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Esta es la historia de Darío Dubois, un marcador central del durísimo ascenso argentino al que los delanteros rivales nunca le pintaron la cara, ya que se la pintaba él sólo antes de salir a la cancha.
 
Dubois era jugador de fútbol casi-amateur, de los que se juega por “el pancho y la coca”, por lo que también trabajaba como operador de sonido y además era músico. Tuvo 3 bandas: una banda formada por jugadores de la D tributo a “Vox Dei”, otra banda tributo a “Reef” y una de cumbia villera llamada “Corre Guachín”.
 
Más allá de la variedad estilística de las propuestas musicales en las que participó, a este aguerrido futbolista el género que le encantaba era el black metal.
 
Un día, en un clásico entre Midland, su equipo, y Argentinos de Merlo, decidió pintarse la cara con maquillaje blanco y negro para salir a jugar. En una entrevista radial que le realizaron, así se refería a su llamativa decisión: “Esto me da polenta, vos te pintas la cara y salís a guerrear. Sé que los rivales se van a asustar, pero el reglamento no lo prohíbe. Yo escucho black metal, bien podrido, una música que me parte la cabeza y tengo ganas de jugar así, como soy.”
 
La increíble historia llegó hasta los diarios mas prestigiosos de nuestro país donde le preguntaban como se definiría, a lo que él les contesto: “Un payaso que se pinta la cara, pero que se mata por la camiseta.”
 
Darío contó que en esa época le solicitó las pinturas a un travesti con el que salía. En la antesala de un match, debió pedirle permiso al árbitro del encuentro para usar su vestuario, ya que era el único que tenía el necesario espejo para poder pintarse correctamente. No era Gene Simmons quien surcaba la defensa de un equipo de fútbol under con la 4 en la espalda, era Dubois.
 
Fueron 14 los encuentros en los que Darío salió a jugar con la cara pintada. Un día llegó la amarga y represora prohibición: la AFA sacó una ley impidiendo jugar partidos de fútbol con la cara pintada porque entendía que daba una mala imagen al fútbol de la D.
 
Atrás de este infrecuente jugador, había un futbolista capaz de tomar acciones risueñas pero llenas de buenas y fuertes convicciones que no hicieron otra cosa que engrandecer su figura.
 
Tres de sus mejores anécdotas:
 
-Un día jugando para Victoriano Arenas, a él y sus compañeros los encaró el presidente del club diciéndoles que había una plata para dejarse ganar. Darío Dubois le escupió la cara y le dijo que prefería comer pasto.
 
-Jugando para el club Lugano había una marca que prometía darles 40 pesos argentinos por triunfo. El equipo de Dubois llevaba 3 victorias al hilo y la plata no aparecía. “Resulta que el primer partido que ganamos no nos pagaron, entonces decidí llevarme una cinta aisladora negra para taparme la publicidad de la camiseta. Pero justo en ese partido me la olvidé. Entonces, como había llovido, apenas salimos a la cancha hice como que me persignaba (todos los jugadores hacen eso, pero yo no creo en ninguna religión), agarré barro y me tapé la publicidad. La camiseta naranja quedó cubierta con barro. Me puteaban todos, hasta mis compañeros, no entendían nada: el sponsor se cagaba de risa de nosotros, no nos pagaban y yo con esa guita viajaba”.
 
-“Una vez jugando para Midland enfrentábamos a Excursionistas. En la segunda falta que hago el árbitro, Juan Carlos Moreno, me saca la segunda amarilla y cuando me saca la roja se la caen 500 pesos del bolsillo, me zambullí al suelo, agarré la guita y me fui corriendo. Me seguían todos: el árbitro, los jugadores, cuerpo técnico, se armó un quilombo que ni te cuento. Adentro de la manga, rodeado, le dije al juez: ‘Este es el premio que vos me sacas por echarme, hijo de puta’. Al final se lo terminé devolviendo porque si no me daban veinte fechas“.
 
Darío Dubois jugó en Yupanqui, Lugano, Deportivo Riestra, Laferrere, Cañuelas y Victoriano Arenas, además del ya menciona Ferrocarril Midland.

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